martes 24 de noviembre de 2009

Separación de bienes

Cuando no me entendía -cuando yo estaba triste y la ignoraba, o iracunda, y la despreciaba- Tinta me miraba con los ojos muy fijos y ladeaba la cabeza. Una de las orejas le balanceaba, inmediata, y la cola se quedaba muy tiesa, muy larga sobre el suelo. Sé que quería moverla pero ni siquiera se atrevía.

Yo, entonces, tras esos segundos, me daba cuenta de que mi aspecto no era bueno e intentaba reconstruirme. Para ello, lo primero que hacía era tocarla, notar su lomo calentito y brillante; luego, el frío de la nariz. Le pedía perdón por mi desgana y rascaba su tripa rosa. La cola, entonces, se liberaba a toda velocidad y hacía un ruido sordo, acompasado, al chocar contra la pared.

Muchos perros son mejores que sus dueños.

jueves 19 de noviembre de 2009

Satélites.

Elegí serte leal.

No lo sabes, claro. Tampoco es necesario mostrar todas las cartas.

Pero algo intuyes.

Descubrí tu persona -de improviso y sin buscarla- en el momento exacto en que todo giraba menos yo. Y decidí aferrarme a ti para volver a dar vueltas junto al resto.

Pero nunca quise que abandonases tu órbita, ni pretendo conquistarla para forzarla a nuevas elipses que seguro me serían más amables.

Elegí serte leal y permanecer paralela, a tu lado: sin colisionar, sin destruirte para así hacerte mío; sin alejarme cuando me mostrases tu parte más oscura.

Satélites aún no sé de qué.

domingo 15 de noviembre de 2009

Revelación.

Hace días lo comprendí.

Se trataba de esa música, en particular, que es eminentemente masculina. Salida de las entrañas. Duelos a muerte entre dos músicos. Improvisaciones que las mujeres sólo atemperan, suavizan, adornan e incluso inspiran. Pero que con poca probabilidad podrán llegar a interpretar en igualdad de condiciones.

Masculinidad y hormonas en cada fraseo.

Hubiese dado cualquier cosa por tirarme al bajista en ese mismo instante.

Esa manera de perder el control -los músicos y el público- es jazz.


jueves 29 de octubre de 2009

SEMINCI

Compras las entradas expectante. Porque la versión original, las películas raras -esas que al parecer sólo comprenden unos pocos estetas- llegan escasas a provincias. Y porque, de algún modo, caes en la tentación y te sientes especial; o haces un paréntesis en la costumbre cinéfila de las ciudades pequeñas que comprende: peli, pincho, cotilleo (divorcio, embarazo, polvo no tan discreto como debiera).

Y guardas cola, y lees la reseña, y te sientas lejos de tus amigos porque eres un cinéfilo y en realidad vas a ver esa supuesta joya que, de pronto, chirría, porque una protagonista no se crea a golpe de melena; ni una historia es más fidedigna porque la actriz porno interprete a la puta de lujo, o se mencione todo un catálogo de lencería...¡o a Zara! -quiero suponer que en una concesión a la realidad, aunque no me extrañaría que hubieses algún acuerdo mercantil de por medio-.

Porque en realidad, y aquí está el problema, si no hay algo bueno que contar, aunque sea sin medios, apenas hay nada que hacer. Prefiero una buena historia que cien rodeos.

Es muy difícil hacer buen cine, más aún si lo que se muestra es el reflejo de lo más hediondo de la sociedad (la riqueza ganada sin esfuerzo, la defensa de la belleza como paradigma del triunfo, la superficie de las personas como exponente de lo que guardan, o de lo que jamás serán). Si he de elegir prefiero llantos, lágrimas, vómitos, sudor, angustia, cuerpos imperfectos. Reniego de la exaltación del lujo si no lo justifica la historia, porque me da miedo lo que estamos legando a nuestros hijos.

Y sí, la calle Santiago se adorna con una enorme alfombra roja por la que nos paseamos los vallisoletanos, pero me gusta pensar que todavía queda un poco de esa rugosidad castellana que cantara Unamuno y que si hacemos como que no reconocemos a los actores es sólo porque aún tenemos autenticidad.

O puede que sólo seamos una panda de gilipollas...


miércoles 21 de octubre de 2009

Macho

La soledad ha traído consigo el aprendizaje de gestos que hasta ahora consideraba exclusivos de aquellos tocados por el dedo del bricolage, la estrella de la habilidad, la suerte del manitas.

Parece mentira la facilidad con que se asume la inutilidad propia, siempre y cuando haya alguien dispuesto a sacarnos las castañas del fuego.

Bien, no es una gran hazaña. Pero, inmediatamente, al descubrir en mí esta sorprendente capacidad para cambiar siete halógenos fundidos o instalar una lámpara he recordado aquella habitación propia de la Woolf.

Y ya me veo pintándola de color "té verde". O de algún otro tono incomprensible para los hombres.

viernes 16 de octubre de 2009

Vinteuil

Tendrá que existir una comparación en la que salgas perdiendo. Me niego a creer lo contrario.

No puede ser -porque de todos es sabido que la perfección no existe- que la columna de pros se estilice tanto, que la de contras sea un tocón inerte, sólido y de tamaño invariable en donde reinan esos muñones que en realidad resultan enternecedores.

La inmensa probabilidad de estar errando en la percepción de la realidad, el hecho irrefutable de que mis propios sentidos se estén engañando (lo sé, lo sé) me sirven de acicate, y aumenta mi deseo de volver a tener el control para conseguir percibirte más como un igual.

Esta mañana me he sorprendido -sorpresa desagradable- echando de menos tu ceño fruncido. Lo malo es malo siempre, y ahí es donde debería ser capaz de llegar.

Pero me he vuelto a perder por el camino de tu persona.

martes 13 de octubre de 2009

Déjà vu

La gente que me cae mal por lo común adolece de una inmensa previsibilidad. Antes de abrir la boca (y por lo común a destiempo) sé qué van a decir, porque se apoyan en creencias únicas. Monocelulares. Monolíticas.

Por alguna extraña razón, con el paso del tiempo me doy cuenta de que aquellos que son incapaces de reinventarse, o de reirse de lo que creen, invariablemente acaban por resultarme muy pesados, asfixiantes y bastante odiosos.

Y me disgusta verme torcer la nariz ante alguien, sólo porque vaya a hablarme de nuevo (otra y otra y otra vez) sobre los viajes que "tantísimo disfruta", su pasión por coleccionar dedales de madera, qué actitud mantiene ante la política de reciclaje de bombillas o cómo evolucionó la generación del 98. Pero lo hago. Y me niego a darles otra oportunidad, aterrada ante esa habilidad para clonarse a sí mismos.

Así que sí, tú me caes bien, porque nunca sé qué movimiento dramático vas a improvisar. Y tú, que te mantienes siempre con la misma actitud sonriente y de ilusión por la vida -no importa lo que venga- me caes tremendamente gorda.